Todos tenemos, o deberíamos de tener, metas claras a lo largo de nuestra existencia. Sabemos lo que queremos alcanzar y la importancia que tiene en el desarrollo de nuestra vida. Llegar a la metas requiere de una planificación. Todos el mundo planifica para cualquier cosa que se pueda plantear en un momento determinado: Ir a una tienda a comprar un regalo, hacer la comida del día, quedar con los amigos, ir a buscar a los niños a la salida del colegio. Todo se realiza en base a secuencias. Como ejemplo: para ir a buscar al niño tengo que salir del trabajo antes de las tres, porque en la carretera suele haber atasco de 15 minutos. Además tengo que pasar por casa para coger la merienda, y luego tardo en aparcar cinco minutos en los alrededores del colegio, etc.
La planificación como un elemento natural en el comportamiento de las personas.
Las personas planifican sin reflexiones profundas. En la mayoría de las ocasiones lo hacen en base a la experiencia. Hago las cosas de esta manera o de esta otra, en función de las vivencias que he tenido con este proceso a lo largo de los años. Esta experiencia hace que vayamos corrigiendo comportamientos de manera constante. Si algo no funciona lo cambio, si algo resulta molesto lo elimino o lo ignoro, de tal manera que voy fijando conductas dentro de mis propios hábitos. Todo esto lo realizamos de una manera no premeditada, casi intuitiva. Es un comportamiento natural basado en el ensayo - error, que va condicionando la mayoría de nuestros actos, y muchas veces modificando nuestra forma de observar la realidad o el contexto en el que nos movemos a diario.
Muchas de las personas que hayan trabajado en procesos, conocerán por ejemplo la formulación de proyectos desde la perspectiva del Marco Lógico, en el que se emplea un árbol de problemas después de la identificación del problema marco. Aquí podemos ver en esencia como se trabaja la búsqueda de soluciones para problemas de situaciones identificadas. En este blog no pretendemos abordar los temas tratados a través de soluciones técnicas, sino de afrontar los mismos con fórmulas distintas y fácilmente comprensibles. La planificación puede ser algo muy complejo, dependiendo de las meta que queramos alcanzar. Pero en este caso, sólo es necesario que revisemos algunas de las tareas que ya venimos realizando en el día a día, intentando mejorar los procesos, buscando de esta manera una coherencia que nos ayude a mejorar un resultado. Tenemos que tener en cuenta que hasta cuando se improvisa se está planificando, de un manera rápida y muchas veces eficaz, pero que sin duda nos proyecta dudas sobre los resultados. No somos capaces de visionar el resultado final de manera clara, ya que la emergencia muchas veces se enfoca más a paliar el efecto, que a la obtención de metas fijadas.
Como casi todo en la vida, la base de una buena labor en la planificación, se encuentra en la utilización del sentido común. Recordemos que este sentido no es el mismo para todas las personas, sino que responde más a cánones socialmente reconocidos en un contexto, que se alimentan de la lógica, la prudencia, y que son admitidos como válidos. Para planificar de una manera adecuada, algunos pasos a seguir pueden ser los siguientes:
1. Tener clara la meta. Sin duda es el más evidente. ¿Qué es lo que queremos conseguir? ¿Cuál es nuestro objetivo final?. La meta actúa como guía durante la totalidad del proceso.
2. No hacer las cosas por costumbre. Intentar ver lo que mejora nuestra vida con lo que hacemos. Si es necesario, no tener miedo al cambio de objetivos o procesos. La comodidad es un enemigo peligroso, ya que resulta efectivo a corto plazo, pero aminora la velocidad de nuestro crecimiento personal, y en espacios de tiempo muy prolongados, puede mermar definitivamente nuestro pensamiento crítico y nuestra capacidad de análisis.
3. Dibujar la ruta. Podemos dedicarnos a dibujar los procesos. Ver cómo hacemos las cosas y por qué las hacemos de esa manera. Este dibujo nos va ayudar a replantearnos muchas cuestiones, buscando sentido a lo que hacemos y optimizando aquellas acciones que no realizamos de la manera más adecuada.
4. Marcarnos objetivos alcanzables. Saber realmente cómo son nuestras propias limitaciones. Vamos a ponerlas en un listado, e identificar cuáles de ellas suponen una barrera que podemos superar. La búsqueda de objetivos en este sentido, puede ayudarnos a conocernos mejor. Nuestras actitudes son herramientas que utilizamos todos los días. Vamos a ver cuáles necesitan una puesta a punto para poder rendir de la mejor manera posible.
5. Observemos la mejorar del proceso como método de crecimiento personal. A la hora de diseñar objetivos, tenemos que sacar un rendimiento de todo lo que vamos haciendo durante el camino hacia los mismos. Son elementos que iremos incorporando a nuestra mochila de conocimientos. Nuevas capacidades que podrán servir para la búsqueda de futuros objetivos.
6. Analizar durante el proceso. Ser conscientes del por qué algunas cosas funcionan mejor que otras. Ponerlas en relación con los contextos en los que nos movemos y analizar lo que aportan o lo que nos separa de los objetivos que queremos alcanzar.
7. Compartir objetivos comunes. Podemos planificar con otras personas que nos aporten nuevas soluciones y puntos de vista que puedan enriquecer nuestra manera de afrontar la búsqueda de soluciones.
8. Manejo de las emociones en la planificación. No dejarnos arrastras por circunstancias que tengan un marcado impacto emocional que difumine una correcta aproximación a los objetivos. Éste es un elemento complicado de evitar. Existe implicación emocional en la mayoría de las actividades que realizamos en el día a día. No se trata de aislarnos de nuestras emociones, sino de saber manejarlas de una manera coherente. Las emociones son el color de nuestra planificación.
9. Tener capacidad crítica. Saber cuando una planificación no va a funcionar, analizar en qué nos hemos equivocado y tener la voluntad de realizar los cambios necesarios.
10. Marcar espacios temporales. Debemos de marcarnos plazos para conseguir los objetivos. Eso nos hace adaptar modelos de trabajo, no dejando que se dilaten en el tiempo, hasta conseguir caer en el desánimo.
Una buena planificación puede también llevarnos a no conseguir nuestros objetivos, pero sin duda, el orden de los procesos a seguir marcados previamente, nos llevará a detectar de una manera más eficaz nuestros errores, para una posterior corrección o ajuste de los mismos.
Muchas veces, el hecho de que las cosas se planifiquen, no significa que también se encuentren controladas. Esta es la hora de incorporar las emociones. Se trata en este caso de elementos que pueden distorsionar la sucesión de acontecimientos. Esto es lo que aplica personalidad en nuestro propio planteamiento, a la hora de llevar a cabo nuestros fines. Las emociones pueden ser controlables, pero muchas veces se nutren de los propios impulsos que las provocan. Da emoción y color a la vida. Dejemos que entren a formar parte del camino hacia nuestras metas. Son la energía que lleva a la pasión por alcanzar los objetivos. Planifiquemos, pero no renunciemos a dejar nuestro sello, a convivir con ellas.
El mundo se mueve en un desorden perfectamente planificado, allí donde se encuentra la vida.




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