La escucha es una de las bases de la comunicación. Las personas no sólo se enriquecen de las propias experiencias, sino que incorporan a su aprendizaje elementos recopilados de la escucha y la convivencia con los demás. Esa misma escucha o vivencia, puede incorporar fragmentos que distorsionan nuestra propia realidad, y para los que a veces no nos llegamos a ver preparados. No es fácil asimilar las opiniones y creencias de otras personas, cuando tenemos tan arraigados algunos principios que hemos asimilado dentro de nuestro hogar, desde edades muy tempranas, casi tomándolas de una manera dogmática. Creemos que el concepto de verdad absoluta es aquello de lo que nos hemos nutrido, dentro de una educación en valores, que no necesariamente tiene que ser la misma que la de nuestros semejantes.
Pero la verdad...es absoluta?
Los dogmas están llenos de matices. Creemos que todos tenemos los mismos conceptos en la cabeza, para hacer frente a situaciones similares. Pensemos por ejemplo en las decenas de términos que los esquimales tienen para describir un objeto blanco. Su lenguaje se ha enriquecido debido a la necesidad de matizar de cara a sus iguales. A nosotros nos pasa lo mismo dentro de nuestro contexto cultural. Imagínense con el lenguaje, cuando le decimos a un conocido: “Nos vemos”. ¿Estamos quedando?. ¿Estamos manifestando nuestra intención de volvernos a ver?. ¿Nos estamos despidiendo?. ¿Estamos dejando temas pendientes?. De la misma manera pasa con todo. Los matices pueden ser interpretados en determinados contextos, pero no necesariamente por una generalidad. Piensen en contextos religiosos, cuando le preguntamos a una persona si es creyente. Podemos visualizar la respuesta con cientos de reflexiones, creencias, etc., y seguramente todas serían ciertas e incompletas al mismo tiempo
La diversidad enriquece. La apertura en nuestra forma de pensar y actuar, cultiva nuevas facetas de la personalidad. A mayor asimilación de las diferencias, mayor crecimiento personal. En la medida que crece el abanico de opciones ante la vida, mayor recorrido hacia nuestra formación como individuos y como colectivo. Aceptar la diversidad es por tanto abrir una ventana más por la que ver nuevos paisajes, por los que podremos caminar, o simplemente contemplar. Pero la diversidad debe de ir acompañada del respeto. No basta con ser distintos. Tenemos que aceptar las nuevas realidades, como partes que aportan un aprendizaje.
La consecuencia del aprendizaje: un camino contra el pensamiento único.
Aprender no es sólo compartir ideas. No se trata de estar alineado con todo lo que vamos guardando en nuestra mochila. Esa mochila incorporará en nosotros un pensamiento crítico, y no sólo nuevos dogmas. Es en esta parte cuando toman especial importancia la empatía, la reflexión personal y fundamentalmente el respeto a lo distinto. Empatizar no es asimilar, sino ponernos en lugar del otro, trata de comprender su entorno para saber por qué piensa de esa manera. Su forma de ver las cosas es en cualquier caso la consecuencia de sus propias vivencias. En este contexto cabe siempre el debate, pero en ningún caso la imposición de ideas.
La imposición del pensamiento único es la forma más directa de polarizar una sociedad. En cierta manera, es el fracaso de la convivencia y de la comunicación. Desaparece cualquier matiz, porque las verdades se vuelven absolutas, a la vez que que criminalizamos a todos aquellos que no piensan de esta manera. Esta es la forma más clara de empobrecer el crecimiento y el avance social. Los grandes hitos de la sociedad moderna no se han construido en base a dogmas, sino al fortalecimiento de la comunicación, potenciando la diversidad, e incorporando elementos que provienen de distintas corrientes. Las sociedades modernas, se basan en el respeto, es decir, en la aceptación del pensamiento del otro como base irrenunciable de la convivencia.
El miedo como preámbulo del pensamiento único.
Ante la llegada de grandes desafíos, las sociedades experimentan el miedo de ver el derrumbamiento de los sistemas sociales. Es aquí cuando las grandes masas acuden al pensamiento único, siempre al amparo de algún líder que maneja la comunicación, tratando de maximizar beneficios personales. Lo “otro” es una amenaza. Se blindan instituciones, medios de comunicación y personajes afines. Se actúa creando una falsa seguridad a las personas, haciéndoles creer que la manera de salir adelante es no desviarse del camino. ¿Quién no ha leído “1984” con su Gran Hermano, o “Rebelión en la Granja·, de George Orwell?. Si perdemos la capacidad de comunicarnos, de manifestar nuestra visión de las cosas respetando a los demás, si somos capaces de atender sólo en una dirección y seguir mensajes mesiánicos, entonces habremos perdido nuestra actitud crítica, y por lo tanto nuestra capacidad de crecer alimentándonos de los distinto. Y entonces, de un día para otro desapareceremos como individuos.
1. Empatizar. Ponernos en lugar del otro para comprender. No se trata de compartir opiniones, sino de aprender a respetar los sentimientos y sensaciones del resto de las personas.
2.Incorporar elementos del otro en nosotros mismos, acabando con la polarización y los dogmas absolutos
3. Sólo mirar atrás para aprender, no para generar revancha. Lo que nos queda es construir. Perdamos el miedo a tirar muros para hacer nuestro hogar más confortable.
4. Tener en cuenta que el pensamiento está vivo y es cambiante. No tener en miedo de pensar lo contrario de ayer, porque hoy vivimos en un día distinto.
5. Valorar a las personas por sus resultados y no por sus ideologías. No somos de éste o de aquel. Somos del que hace esto o aquello.
La tolerancia es un valor que potencia el crecimiento personal y acaba con el pensamiento único. La diversidad enriquece el entorno y supone un impulso para las conquistas sociales y el estado del bienestar. El manejo de la diversidad es una actitud ante la vida. La tolerancia, una obligación individual y colectiva.




Gracias por tus reflexiones, Alberto, que realizas un día señalado, como el del nacimiento de uno de los poetas más grandes de este país: Federico García Lorca.
ResponderEliminarEstoy de acuerdo contigo con la necesidad de tolerancia, escucha del otro, aceptación de la diversidad... Con estos valores construiremos un mundo mejor.