Contextualizar. Vivir dentro de un gran escenario.

Incluso las grandes verdades que parecen absolutas, pueden resultar relativas. Ideas que parecen brillantes en un momento determinado, pierden toda su fuerza fuera del tiempo y del lugar en el que se han generado. Personas que nos parecen brillantes en nuestro lugar de trabajo, nos aburren profundamente en el ámbito de nuestro ocio y tiempo libre. ¿Cómo es posible que las mismas cosas puedan resultar aún distintas? ¿Es posible que las ideas pierdan fuerzas? ¿Qué distorsiona de tal manera nuestro pensamiento, que pude verse modificado de un momento a otro?

Puzzles de piezas únicas. 
Algunas ideas nacen ensambladas dentro de un lugar, de un tiempo, de un espacio. Son piezas que no funcionan solas. Es imposible buscar un encaje dentro de otro puzzle, porque aunque éstas sean iguales y encajen a la perfección, el dibujo se distorsionará. En ocasiones creemos que todo es exportable y al ver el resultado nos preguntamos cómo es posible que las cosas no funcionen, cuando las hemos probado innumerables veces con un resultado positivo. Es la hora de preguntar: ¿Cómo?, ¿con quién?, ¿cuándo?, ¿dónde?...

 El contexto. Cuando el escenario condiciona todo.
El contexto es armonía. Las cosas se adaptan a los contextos. Estos son dinámicos, cambiantes, pero no en función de las cosas. A veces parece como si tuvieran su propia vida. Marcan el devenir de los tiempos y los acontecimientos que se producen. No son individuales ni se personalizan. Funcionan de manera conjunta como fruto de la propia armonía que supone el motor de la vida. Los contextos son escenarios multicolor, en el que actúan los sentidos, los sentimientos, la sensibilidad. Condicionan poblaciones, movimientos culturales y sociales. Todas las grandes ideas, inventos, descubrimientos, revoluciones, nacen para ser entendidos dentro de contextos, e interpretar los mismos fuera de ellos puede llegar a ser frustrante, incoherente y en hasta ridículos. 

Descontextualizar. El camino de lo absurdo. 
Una de las cosas que llaman la atención en el momento actual de nuestra historia, es el que tiene que ver con el revisionismo histórico. La historia no puede ser revisada, porque no puede ser cambiada. Podemos trabajar para mejorar el futuro, pero no para cambiar el pasado. La historia no se cambia ocultando o mintiendo, sino reflexionando sobre ella, tratando de comprenderla, contextualizándola. Podemos aprender de lo de antes para saber lo que no queremos ahora, pero crear odio e ira contra el pasado sólo puede traer a escena elementos igual de indeseables que los que tratamos de evitar. En nuestro contextos cultural no deberían de tener cabida escenarios como dictaduras, esclavos, sometimiento,  exclusión social por ideas políticas o religiosas...pero no podemos achacar conductas actuales a hechos cometidos siglos o décadas atrás. Tendremos que observarlos, tenerlos en cuentan e intentar contextualizar en su tiempo, para una mejor comprensión de los mismos y de nuestro propio presente. A veces asistimos de manera perpleja a retirada de símbolos, estatuas, películas, porque no caben en este tiempo. ¿Se imaginan la revisión de Don Quijote por sus micromachismos, la eliminación de pasajes de la Biblia, o de casi toda la filmografía de la época dorada de Hollywood? No queremos perder nuestro legado, porque en base a él hemos construido las distintas civilizaciones que han existido en la historia de la Humanidad. En la vida se avanza mirando hacia el pasado, pero caminando hacia el futuro. A la justicia y a la revancha les separa en ocasiones una delgada línea roja. 

Adaptándonos al contexto. Construyendo en terreno firme.
Partiendo de estas premisas, aprovechemos el contexto en el que vivimos para poder establecer puntos firmes que nos hagan crecer como sociedad y como personas. Estas pueden ser algunas de las claves:

1. Ser conscientes de nuestro tiempo. Es necesario entender por qué las cosas no son igual que antes y que son diferentes de las que habrá mañana. Aceptarlo como una parte del crecimiento como sociedad. 

2. Se evoluciona a partir de realidades  presentes. Existe una evolución natural cuando el presente se encuentra consolidado. Las personas evolucionan cuando son capaces de controlar situaciones presentes y son conscientes del peligro del acomodamiento. 

3. Los contextos son fruto del pensamiento colectivo. Es necesario provocar movimientos múltiples para modificarlos. La mentalidad de una sociedad no se modifica cuando un individuo cambia , sino cuando varios están de acuerdo con el cambio del mismo, y están dispuestos a promoverlo. 

4. Los contextos no caducan. permanecen en un espacio y tiempo, para que entendamos los acontecimientos que se formaron en torno al mismo. Dentro de muchos años no podremos entender personajes y situaciones, aislándolos de sus contextos.  

5. Los contextos están vivos. Tienen sentimientos y sensaciones. Se mueven. Evolucionan a la velocidad en la que lo hacen los individuos de una sociedad. Los contextos están más vivos en la medida en la que  las sociedades son más cambiantes. 

No hay entendimiento si no se forma parte de un todo. Nuestra vida, nuestra forma de pensar y de actuar es parte de un contexto: el nuestro, el de nuestro tiempo, aquí en el presente. El ahora absoluto sólo es un mañana relativo. 



Comentarios