Uno de los contextos que más se valora desde cualquier ámbito laboral, es el relativo a la capacidad de trabajo en equipo. La forma de relacionarnos, nuestra formación, el entorno en el que desarrollamos nuestra experiencia o la suma de talentos, son algunas de las propuestas que condicionarán el éxito dentro de ese equipo.
Mucho se ha escrito sobre la configuración de equipos de trabajo, así como de estrategias y metodologías en el desempeño de tareas. En esta ocasión queremos aportar algo distinto, abordando otros factores a tener en cuenta, y que pueden sernos de gran utilidad a la hora de analizar determinadas acciones.
Una de las cosas que más ponemos en valor a la hora de formar un buen en equipo, es la identificación de perfiles distintos que lo configuren, y que puedan aportar desde varias perspectivas. Uno de los errores que solemos cometer en la identificación y formación de los mismos, es la búsqueda de perfiles similares, en la creencia de que esto facilita la comunicación entre los componentes del grupo, con lo que el trabajo resulta más dinámico, y por lo tanto tiene un mayor impacto en su eficacia. De alguna manera, nos encontramos con equipos de personas brillantes, que suelen tener dificultades ante retos concretos, por falta de herramientas específicas para poder abordarlos. En este sentido, es necesario no centralizar todo en un determinado ámbito. El avance será más fluido en la medida en la que se produzca una diversidad de opiniones y podamos contrastar distintas soluciones para un mismo problema.
En esta búsqueda, y teniendo en cuenta la incorporación de distintos perfiles, es necesario potenciar la empatía para asegurar una trayectoria eficaz. Si bien es cierto que los equipos deben de estar compuestos de personas poseedoras de diversas competencias, tan bien lo es tener la capacidad de empatizar con razonamientos que lleven a metodologías y estrategias en la búsqueda de resultados eficaces. No pedimos a lo miembros del equipo que compartan una idea. Lo que exigimos, es que entiendan por qué determinada persona propone salidas distintas ante las mismas cuestiones, y cuál es el entorno en el que se está moviendo para ofrecer una solución de ese calado. Es significativo el avance que se produce a la hora de elaborar proyectos, cuando tenemos en cuenta esta actitud como parte de la metodología de trabajo. Empatizar nos ofrece abrir nuestra mente hacia nuevos itinerarios. Debemos ser capaces de defender una idea, pero ser lo bastante flexible como para encajar razonamientos distintos que deriven hacia un producto final óptimo.
No existen posiciones tan encontradas que no sean capaces de identificar puntos de encuentro. Es cierto que las situaciones de partida muchas veces surgen de planteamientos absolutos. De aquí, y teniendo en cuenta la diversidad del equipo, van generándose todo tipo de ideas. Si los componentes provienen de distintas realidades, las opciones siempre serán más amplias, pero esto no significa necesariamente que se encuentren más alejadas. Por eso es necesario construir un esqueleto, para poder empezar a trabajar dentro de ajustes propuestos. Estos ajustes representan la diversidad de los equipos de trabajo. En ocasiones, el producto final será consecuencia de unos ajustes brillantes. Y aquí es donde vuelve a ser protagonista la diversidad del equipo. Es muy notable cuando estos son realizados por personas de las mismas disciplinas. Pongamos como ejemplo como se realiza una ley para garantizar el acceso a la vivienda de las personas. ¿Cuál es el resultado si esta ley es realizada exclusivamente por juristas? Evidentemente tendremos acciones absolutamente reglamentadas, pero el éxito a largo plazo será cuestionable. La introducción de equipos de trabajo técnicos mejorará notablemente las condiciones, pero faltarán los ajustes, es decir, una nueva capa de diversidad. Es la hora de preguntar a las personas que van a vivir en las casas. Y de nuevo otra capa de diversidad: a los menores, personas con diversidad funcional, personas en riesgo de exclusión, distintas etnias, culturas, religiones. Vamos a construir un escenario en el que tengamos en cuenta factores que le den un plus al proyecto. No es lo mismo legislar cuando sabemos que puede tener un fuerte impacto en el desarrollo de los menores, o cuando los destinatarios forman parte de determinada etnia o creencia religiosa. Tengamos un matiz importante en cuenta: no lo hacemos para ellos, sino que lo hacemos con ellos, pero para ellos.
Cuando estos equipos logran en el encaje perfecto, es la hora de darle una nueva vuelta. Las posiciones cómodas lleva en ocasiones a situaciones que desincentivan la creatividad. Nunca dejemos de pensar qué podemos aportar como novedad. Introducir nuevos elementos discordantes genera escenarios de superación. Si un equipo campeón de liga, que juega con un sistema perfecto y eficaz, no ficha un nuevo delantero en la próxima temporada, posiblemente rebajará la tensión de los jugadores al no tener que defender sus capacidades ante el nuevo aspirante. Lo mismo pasa en el resto de los equipos en el ámbito laboral. Cuando llega un compañero nuevo que es capaz de aumentar la productividad con su actitud, el resto del equipo lo percibe muchas veces como una amenaza. Pero tengamos en cuenta que a largo plazo se mejora el producto, y sobreviene una modificación del entorno que genera nuevos escenarios. Por supuesto hay quién puede no estar de acuerdo con esta afirmación, o haber tenido una experiencia radicalmente contraria. No hay verdades absolutas.
Es el momento de reflexionar sobre algunas claves.
Después de lo expuesto, estas son algunas de las claves que debemos tener en cuenta:
1. La diversidad de los equipos enriquece las acciones, potencia nuevas estrategias de trabajo y optimiza resultados.
2. Empatizar debe de ser una herramienta más dentro de la gestión de equipo. No se trata de compartir, se trata de razonar a partir de la visión de otra persona. Generar nuevos escenarios desde el suyo para mejorar lo mío.
3. No acomodarse en los procesos. Explorar nuevas alternativas al margen de los resultados que podamos obtener. Enriquece a largo plazo y genera impactos importantes en los entornos.
4. No descartar nada. Las ideas no escogidas no son absolutamente descartables. En los equipos, como en la cocina, un producto que no utilice en este momento puede ser un buen caldo para mañana.
5. Dibujar procesos que lleven a resultados. Planificar desde la diversidad. Utilizar varios colores que marquen la procedencia de diversos perfiles. A mayor número de colores, mayor impacto en el resultado final. Ver cómo pueden interconectar y que ofrece cada uno de ellos.
6. Mantener siempre la puerta de entrada abierta. Nada es tan perfecto como para no admitir algo más. Recordemos la importancia de los ajustes. Podemos observar como mejora un teléfono de la misma generación y gama cuando sólo redondeamos un borde de un año para otro.
7. No encasillar a los miembros de los equipos. A lo mejor un defensa multiplica su rendimiento en el centro del campo. Perdamos el miedo a la innovación.
El trabajo en equipo multiplica el rendimiento, mejorando el resultado final. Los equipos son más que la suma del talento de sus componentes.




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