De todas las cualidades que posee el ser humano, sin duda una de las que personalmente más pongo en valor es el sentido del humor. Hay personas que hacen gala del mismo de una manera innata. Parece que siempre les ha acompañado a lo largo de la vida. Son capaces de sacar partido de los momentos más dramáticos de su propia existencia. Generan un mar sensaciones llenas de buenas vibraciones a todos los que se cruzan por su camino. La vida sin sentido del humor resulta una losa insoportable.
En estos tiempos de lo políticamente correcto, corremos el riesgo inmediato de tener que mirar todo con lupa. Tenemos que medir las palabras, nuestra manera de expresarnos, nuestra naturalidad, ya que las personas pueden verse ofendidas sin ni siquiera darnos cuenta de ello. ¿Es normal? ¿El sentido del humor tiene límites? ¿Podemos vivir relativizando?.
La susceptibilidad. Una enfermedad que se cura dejando de ser susceptible.
Puede parecer una obviedad el hecho de que la mejor manera de acabar con un comportamiento inadecuado es dejar de hacerlo. En el caso de las personas susceptibles, es una receta de obligado cumplimiento. Debemos de saber distinguir donde esta el marco del respeto a las personas. Saber contextualizar el humor y hacer partícipe a los demás de él. Es un arma que transforma situaciones, pero puede ser entendido como una amenaza para determinadas personas o colectivos. Como cuestión importante, hay que tener en cuenta que no se puede vivir a la defensiva constantemente. A veces pensamos que somos más importantes para los demás que lo que realmente somos, y por lo general, muchas de estas sensaciones suelen ser equívocas.
El sentido del humor esta en nuestro contexto y debemos de ser capaces de observar todo lo que le rodea. Es conveniente no fijarnos en frases que podamos personalizar, sino en situaciones que queremos desdramatizar, o en generar nuevos escenarios que nos ayuden a reinterpretar nuestras propias vivencias, pensamientos o prejuicios. No podemos cambiar nuestro sentido del humor, nuestra propia personalidad, por herir susceptibilidades que no tienen ninguna repercusión emocional en el resto de la población. Pero aquí debemos de añadir un matiz importante: El límite siempre estará en el respeto a los demás. No nos riamos “de”, riámonos “con”, y lo demás dejará de ser un problema.
Humor para seguir viviendo.
Hace tiempo tuve el “privilegio” de asistir a un funeral de un conocido, en el que los asistentes no dejaron de recordar anécdotas del difunto, hasta llegar a un punto en que casi todos los presentes estallaron en una carcajada al recordar todas las “rarezas” de la persona en cuestión. Al final, un familiar que no pude identificar, habló en nombre de la familia: “Esto es la vida tal y como él la concebía. Un gran público riéndose en el gran escenario de su propio universo, porque para eso vivió, para tapar sus propias penas con la risa de los demás. Hoy está más presente que nunca, ya que vuestra risa es su vida eterna, y las lágrimas que no aparecen hoy, sólo son la crónica de un olvido anticipado que acompaña a la pena”. Poco más un añadir a estas palabras. Observemos cómo quedan en nuestros corazones aquellos que nos hicieron reír. El recuerdo de lo que vivimos junto a ellos nos rejuvenece y nos conecta directamente con la esencia de la vida.
No existe mejor coraza que el sentido del humor. En la etapa en la que trabajé como educador junto a familias en situaciones de vulnerabilidad, los resultados siempre fueron notablemente más positivos en aquellas que demostraban tener esta actitud ante la vida y especialmente ante los suyos. Recuerdo a familias reírse de sí mismas al reinventarse ante una búsqueda activa de empleo. El humor les daba el coraje suficiente del que una persona acobardada y prejuiciosa nunca hubiera podido disponer. Porque el humor reinventa a las personas, las fortalece y potencia sus habilidades ante sus iguales, para convertirlas en personalidades singulares y distintas.
Un elemento facilitador de la comunicación.
El humor rompe barreras. Es capaz de conectar posiciones absolutamente polarizadas. Se alimenta de lo absurdo de las situaciones que nos separan, y acerca a enemigos irreconciliables. Muchas de las barreras de la comunicación pueden ser derribadas con esta actitud, porque deja ver nuestro lado más humano. El sentido del humor ayuda a descongestionar algunas situaciones que se encuentran enquistada a través del tiempo. Muchas de las negociaciones que llevan a grandes pactos y alianzas, comienzan de una manera distendida, facilitando que los participantes busquen puntos de conexión más allá del propio objeto de la reunión. Ponerlo en valor es mostrar nuestro lado más humano. Con él, hacemos un llamamiento a la empatía de nuestro interlocutor, tendiendo puentes hacia puntos de acuerdo.
Ironía. La prima seria del humor.
Aunque la ironía puede ser la antesala del humor, ésta también puede ser un elemento que reste veracidad a otras acciones que realizamos de manera cotidiana. Tirar de ironía muestra abiertamente nuestro pensamiento crítico, pero no nos oculta las realidades, sino que las desenmascara de forma inequívoca ante nuestro entorno. El exceso de ironía puede resultar cansino para las personas más cercana. Es un complemento ideal para ser telonero del humor, pero no perdamos de vista las verdades que trata de disfrazar. Utilicémosla en su justa medida. Siempre mejor como un aperitivo.
Por lo tanto...
Tengamos siempre presente algunas claves:
1. El sentido del humor es una herramienta de comunicación. A veces expresamos mucho más con su manejo, que en una simple conversación. En él mostramos algunas claves de nuestra personalidad, e invitamos a las personas a un acercamiento hacia nuestro propio universo.
2. Tiene un claro efecto multiplicador. Si conseguimos manejarlo desde el respeto a los límites de las personas, conseguiremos que cualquier resultado se acrecienta. Se trata de la pastilla que potencia el sabor, sin deja de apreciar el gusto de lo que ingerimos.
3. Utilicemos la ironía en el contexto, como situación de partida. Miramos a nuestro alrededor y vemos innumerables matices sobre los que podemos ironizar. Esta ironía no se identifica con la falta de respeto, sino con la descongestión necesaria para el bloqueo emocional, que conectará rápidamente con nuestro sentido del humor. La ironía es una buena compañera, pero sola sabe fuerte. Sepamos combinar ambas cosas en su justa proporción.
4. No todas las personas responden de la misma manera, pero no por ello las cosas están mal. Los límites los marcan el respeto y la dignidad, pero no el encaje de las personas. Ya hemos hablado en otras ocasiones sobre este tema. Las sociedades no encajan en los individuos, sino que son ellos los que tienen que realizar esta labor para encontrarse dentro de un contexto. Dejemos de decir: "es que yo soy así". El universo no cambia para un individuo.
5. El humor es una terapia. Tenemos que hacer un acercamiento al mismo para descongestionar el bloqueo que provocan las emociones. Esta actitud cabe en los duelos, en las rupturas, ante la enfermedad...Sus resultados se encuentran contrastados y provocan el efecto multiplicador en el entorno del que hablábamos anteriormente.
6. El dios de las pequeñas cosas. Es capaz de ponernos delante de los ojos aquello que a simple vista nos pasa desapercibido.
Hoy es un buen día para sacar a pasear nuestro humor, para contagiar rápidamente a todo nuestro entorno. Contagiemos risas y sonrisas. La risa es un virus maravilloso que potencia nuestra vida y la de quienes nos rodean. Vivir no es sufrir, sino vivir y con esta actitud estaremos mucho más cerca de conseguirlo.



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