Una de las palabras que más utilizamos en los periodos vacacionales en relación con el entorno que nos rodea, es la “desconexión”. Normalmente relacionamos esta situación como un cortafuegos hacia una situación de estrés provocada en nuestro día a día, aunque también puede estar ligada a una rutina que puede ser agradable o ventajosa.
En ocasiones nos preguntamos cuánto tiempo podemos aguantar dentro de una rutina repetida, sin la necesidad de cambiar de actividad. Las rutinas favorecen la productividad, las relaciones humanas, pero también enquistan comportamientos que pueden suponer un deterioro de las capacidades de la persona, sobre todo aquellas que se encuentran más relacionadas con la creatividad. Por ello es necesario establecer una nueva rutina: la del reseteo. Tenemos que practicar el cambio de actividad como algo dirigido al crecimiento personal y profesional.
Desconexión como actividad dentro de la actividad.
A la hora de planificar las distintas actividades que tienen lugar en nuestra vida laboral, es necesario reservar los espacios dedicados a la desconexión. Algunas empresas ya vienen practicándolo de manera regular, generando espacios para otro tipo de actividades, incentivando periodos vacacionales o potenciando el intercambio con actividades de otros sectores. Cuando planificamos un periodo debemos tener muy bien identificados cuáles son esos tiempos. Es necesario que no se vean invadidos por micro actividades relacionadas con nuestra actividad (consultar el correo por si acaso, mantener el móvil por la urgencia, etc.). Planificar los descansos es saber delegar tareas y responsabilidades. Es cierto que hay puestos que exigen esta conexión permanente, pero pensemos en todas aquellas cosas que hubiésemos podido delegar si hubiéramos invertido el tiempo necesario en la formación de las personas. Por esta razón, en relación a la formación de personas, no debemos tener en cuenta sólo la productividad asociada a la misma, sino también la mejora de la calidad de vida que supone en la liberación de tiempos relacionados con la desconexión.
En la búsqueda de espacios propios, podemos aprovecharnos de las capacidades potenciadas en la realización de nuestra labor del día a día. Desconectar es cambiar de actividad, pero no renunciar a las capacidades y competencias que hemos desarrollado en el desempeño de la misma. De esta manera, si me dedico a la redacción de proyectos y me desenvuelvo con soltura en el manejo del lenguaje, puedo aprovechar estas competencias para la redacción de aquel libro que siempre ronda en mi cabeza. Cambio de actividad con aprovechamiento de competencias y recursos. A su vez, estas competencias no llevarán a la adquisición de otras complementarias, que de la misma manera podrán repercutir más tardes en nuestra actividad diaria.
A tener en cuenta para una desconexión.
1. El 90 % de las cosas no son tan urgentes como para tener que hacer que renunciemos a la desconexión planificada.
2. La delegación de tareas es algo que hay que trabajar previamente. Tenemos que tener en cuenta que a mayor inversión de tiempo en la formación, mayor espacio para la autonomía de las personas, y por lo tanto, mayor desconexión.
3. El cambio de actividades no supone una renuncia de las competencias adquiridas. Las competencias forman parte de nuestra propia personalidad, y por ello es importante que las pongamos en valor en cualquiera de los escenario posibles.
4. Invertir tiempo en desconexión tendrá un impacto posterior en nuestra actividad diaria, mejorando nuestras competencias personales y profesionales.
5. La desconexión debe de situarnos en el presente. Aprovechemos el instante para que pueda ser recordado como algo que pasó. Potenciemos el “Carpe Diem”. Ya habrá tiempo para el futuro.
Dos pasos atrás siempre mejoran el impulso. Parar para comenzar, comenzar para mejorar.


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