Cuando hablamos de la curiosidad, en ocasiones confundimos el término con otras actitudes. Lo que mejor puede definir la curiosidad, es la imagen del niño que se asoma por primera vez al mundo, para ver aquello que se encuentra al otro lado, y que no alcanza del todo a comprender. Es ojo en la ranura, el altillo que se apoya en la tapia, la grieta en la pared.
Esta actitud parte del desconocimiento. Es curiosa la persona que ignora, que desconoce, pero que además, quiere saber sobre algo de un manera activa. La curiosidad ha cultivado la mayoría de nuestras aficiones. Empezamos en la “nada” como la intención progresiva de instalaros en el “todo”. Sin duda la llave del camino hacia un crecimiento personal. Un verdadero combustible que podrá llevarnos tan lejos como queramos, durante una trayectoria que moldeará parte de nuestra propia personalidad.
La chispa que lo incendia todo.
Siempre hay una primera vez, una primera noticia, una referencia inicial. Todo empieza por algo. Esa chispa que lo incendia todo puede estar a la vuelta de cualquier esquina y llegar en el momento menos previsto, incluso de una manera improvisada. Ahora necesitamos el soplo de viento que avive el fuego. Y ahí es cuando una casualidad deja de serla, convirtiéndose en un deseo. No es suficiente ver la señal. Necesitamos observar cómo el fruto del conocimiento que vamos adquiriendo se agarra en nuestro interior.
Éste es el nombre de una colección que hizo estragos entre los lectores más jóvenes durante los años 80. Se trata de una colección de libros de tamaño de cuartilla, tapas blandas y portadas rojas, con el dibujo presentación de la historia. Se trataba de historias no construidas, que variaban en función de las alternativas que el lector quería escoger al final de determinadas partes de la narración. ¿Por qué triunfó esta colección? Aunque la curiosidad se puede cultivar o mantener durante toda la vida, existen momentos durante la juventud que se despierta de una manera copiosa. Cuando menos sabemos, y más cosas se muestran en nuestro entorno, más queremos profundizar, especialmente si somos capaces de visualizar resultados que impacten de una manera directa en nuestra vida. El hecho de guiar al protagonista de esta serie de libros, no es ni más ni menos que la oportunidad de descubrir diferentes escenarios que nos posicionan ante nuevos entornos. Esta curiosidad ante el futuro (alcanzable o no), genera una proyección de nuestros actos en ese lugar. Queremos saber más para situarnos ante nosotros mismos. Las personas que generan un exceso de curiosidad, suelen tener un conocimiento extenso sobre muchos temas, y en ocasiones, de manera injusta, una escasa valoración de sus capacidades. Cuando más se sabe, más cerca se está de pensar lo inabarcable que es nuestro propio universo, generando una sensación de gota en mitad de un océano.
1. La curiosidad no es igual para todos los seres humanos. Cada uno la proyectamos de una manera, pero la actitud ante ella define nuestra proyección futura y nuestro deseo de crecimiento personal.
2. La delgada línea roja entre la curiosidad y la obsesión. A veces el hilo entre una y otra es tan fino, que sin darnos cuenta podemos confundirla. La curiosidad potencia nuestro crecimiento. La obsesión nos estanca y puede llegar a oprimirnos.
3. La curiosidad es contagiosa. ¿Cuántas filias nos despierta estar con personas que mantienen esta actitud ante la vida?. Su curiosidad despierta la nuestra en el mismo sentido o en distinto, siempre con un mismo componente de deseo de aprendizaje y crecimiento.
4. Potenciarla ayuda a educar el criterio. Un elemento pedagógico utilizado en la educación es ofrecer herramientas para el auto descubrimiento de conceptos a partir de aspectos claves. Justo los contrario a ofrecer dogmas cerrados, que en muchas ocasiones terminan generando rechazo. Cuando damos pinceladas, potenciamos la creatividad en la búsqueda, es decir despertamos la curiosidad de las personas.
5. La curiosidad despierta itinerarios para poder abordar las cosas desde otro punto de vista. Nacerán nuevas interpretaciones, distintas tendencias. Esta trayectoria no desemboca en el resultado, sino que acompaña en el crecimiento hacia cosas que todavía se encuentran por definir.
Ser curioso es sumergirse un otros mundos que viven junto a nosotros. Es escuchar una llamada o encender una lámpara cuando la entrada está a oscuras. La luz del mundo está llena las lámparas de personas curiosas que quieren ver más allá de las tinieblas. Ese es nuestro mundo: un lugar lleno de grietas por las que mirar, ....por las que descubrir la vida más allá del muro.



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