Punto y aparte. El don de las segundas oportunidades.

 El miedo al fracaso tras la experiencia fallida lo condiciona todo. ¿Cuántas veces pensamos aquello de “esto a mí sólo me pasa una vez”, y luego cerramos las puertas para que no pueda reproducirse aquella situación que nos ha llevado a la experiencia del sufrimiento?. Aunque el ser humano tropiece dos veces en la misma piedra, la mecánica del rechazo comienza siempre tras la experiencia negativa. No nos gusta sufrir, aunque haya personas que vivan esto como algo que forma parte de la existencia. En determinados ámbitos se encuentra muy arraigada la frase de “en esta vida hemos venido a sufrir”, cosa que es radicalmente falsa, ya que ante dificultades siempre tendremos actitudes. Es ahí dónde nos diferenciamos unos de otros.



El amor después del amor. Un ejemplo de reconstrucción.

Uno de los ámbitos en los que suele manifestarse el desencanto dentro de nuestra sociedad, es el que tiene que ver con el fracaso en las relaciones sentimentales. ¿A cuántos conocidos escuchamos a lo largo de los años contarnos sus éxitos y sus fracasos en este terreno?. Siempre tendremos que tener en cuenta la subjetividad de las historias. Sabemos que no existen verdades absolutas en todos los relatos, sino que estos se encuentran condicionados por sensaciones y emociones, que sí son reales y que posicionan a la persona de una manera u otra. Cuando el desengaño por la vivencia es repetido, la sensación de fracaso alcanza niveles capaces de paralizarnos o hacernos sentir incapaces de buscar nuevas oportunidades. Es ahora cuando se instala la plaga del conformismo y de pensar que las cosas deben de ser así. 

Bajo el punto de vista de la experiencia, el fracaso es sólo una etapa más del aprendizaje. Sin fracaso no hay nuevas oportunidades. Bajo mi punto de vista, éstas nos aportan una versión mejorada de nosotros mismos, ya que partimos de un punto en el que ya sabemos qué es lo que no estamos buscando. Si somos capaces de identificar lo que nos ha llevado a una situación, deberíamos de superar la misma en una segunda oportunidad. En el terreno de las relaciones sentimentales, he visto a personas que han hablado de sus primeras parejas con un aire de resignación, mientras manifestaban una ilusión desmedida con perspectiva de futuro ante una nueva relación. Además, verbalizar la situación que nos ha llevado al fracaso, puede hacer que la otra persona empatice con nosotros al llegar desde una situación parecida. Más tarde las cosas pueden ir por buen camino o no, pero ya habremos conseguido un posicionamiento claro ante una situación de fracaso, que nos enseñe cómo reaccionar ante la parálisis del miedo.

Volver a empezar.

Tener la sensación de que todo es nuevo, con la ventaja de conocer las relaciones que tendremos ante ciertas circunstancias. Los expertos podrían hablarnos de todas las reacciones químicas que se producen en nuestro cuerpo ante la emoción de lo desconocido. Los puntos y aparte nos permiten comenzar un nuevo relato, conservando la esencia de lo que somos. A ese impulso se le une el entusiasmo, la curiosidad e incluso el morbo de adentrarnos en lo desconocido. Volver a empezar siempre es un estímulo y convierte lo antiguo en novedad, lo que siempre supone un regalo para todos los sentidos.  

Por todo ello es importante....

1. No perder el tiempo comparando. Esto es esto y no tiene nada que ver con aquello. Hablar demasiado del pasado, difumina la perspectiva de futuro. Está bien tomar la experiencia como un aprendizaje, pero no como una guía. 

2. Aunque sea lo mismo, el contexto nunca lo será. Podemos notar sensaciones que ya conocemos, pero tendremos que ponerlas dentro de su contexto correspondiente. Incluso el tiempo es un elemento que no debemos de perder de vista. Misma persona, mismo entorno, tiempos distintos. A veces el tiempo lo cambia todo, porque va llenando nuestra mochila de nuevas experiencias y referencias.

3. El que no arriesga no gana. El inmovilismo no lleva a ninguna parte. Siempre existe a posibilidad devolver a fracasar. Lo que cambiará las cosas es la actitud que mostraremos ante la nueva experiencia. El primer fracaso hunde, pero el segundo se relativiza. 

4. Los fracasos muestran un margen de mejora. Cuando las cosas no salen, lo más importante es saber identificar cuáles han fallado. Si somos capaces de hacer este ejercicio, seremos capaces de manejar muchas de las competencias que definen nuestra personalidad. 

5. Las segundas oportunidades no son las únicas. Cuando pase la tormenta, siempre podremos ver un nuevo horizonte. Aprendamos de los errores, pero contemplemos el fracaso como un escenario de crecimiento personal, independientemente de las veces que éste pueda darse. La perseverancia es una virtud que siempre acompaña hacia el éxito. Revisemos e identifiquemos errores o estrategias equivocadas.


Dibujar para aprender.

Una de las herramientas que podemos utilizar para interpreta situaciones, es  la llamada “curva de la vida”. Es bueno poder dibujar en un papel nuestra trayectoria, porque esto puede identificarnos muy claramente cuáles han sido los momentos que nos han llevado al fracaso. En determinadas ocasiones, si fuéramos capaces de superponer líneas correspondientes a distintos procesos, veríamos que hay picos que se repiten. Esto puede ser una buena pista para identificar nuestras carencias ante determinados procesos. 

Los fracasos son parte de los procesos de aprendizaje. Las segundas oportunidades mejoran nuestras capacidades y competencias. La experiencia nos posiciona en una situación privilegiada. La vivencia del fracaso siempre nos hará más sabios y mejorará nuestra perspectiva de futuro.  


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