Expectativas. Entre la realidad y la frustración.


Existen atajos que nos llevan directos al camino de la frustración. Uno de ellos es el que tiene que ver con la generación de determinadas expectativas. A menudo solemos contemplar ciertas acciones como el comienzo de un camino hacia el éxito. Una de las cosas que tenemos en cuenta en muchas de estas situaciones, es la manera en la que deseamos lograr alcanzar estos resultados. La mayoría de las veces, tienen que ver con la consecución de éxitos personales o empresariales, pero también podrían acompañarse de pequeñas o grandes frustraciones al ver que el resultado final no es el que habíamos imaginado. 


La expectativa: la importancia del camino hacia la meta. 

Cuando soñamos en grande y generamos determinas expectativas, a veces no solemos reparar en la dificultad del camino. Nos dejamos nublar por la consecución de los éxitos de manera inmediata,  no siendo capaces de poner en valor el esfuerzo que puede llevarnos a alcanzar los objetivos. Por eso, es de vital importancia saber detectar previamente las fortalezas y debilidades que nos encontraremos en el caminar de nuestra nueva a aventura. Estas van a ser determinantes a la hora de valorar  la consecución final de los resultados, porque el éxito no recaerá exclusivamente en el producto logrado, sino que el proceso será una parte importante a la hora de poner en valor el  resultado final.


Por eso tenemos que tener en cuenta varios puntos:

1. Las metas deben de ser alcanzables y realistas. Soñar es gratis, pero hacer posible los sueños no. 

2. La planificación tiene que venir marcada acorde a nuestras capacidades. No podemos prometer lo que no tenemos, ni pensar en llegar si nos faltan las herramientas. Analicemos qué se encuentra a nuestro alcance, y de qué podemos hacer uso si fuera necesario. 

3. Las capacidades están relacionadas con nuestro conocimiento y experiencia, pero también con el apoyo de nuestro entorno. Hay metas a las que no se puede llegar solo, pero es importante que definamos desde un primer momento con qué apoyos contamos, y cuáles permanecerán constante a lo largo de todo el proceso. Debemos tener alguna garantía de acceso o de reemplazo de esas capacidades para el camino, independientemente del resultado que podamos obtener.

4. Manejar el ensayo-error como parte del proceso. A la hora del diseño de los objetivos/metas, tenemos que tener en cuenta la aparición de diferentes variables que exijan una corrección del diseño. No hay hay éxito sin reajuste, y cuanto antes lo incorporemos como parte necesaria del proceso, ante afrontaremos un componente importante de la frustración. 

5. Observar el objetivo alcanzado como un desarrollo del objetivo perseguido. Si el resultado no es el esperado, veamos las ventajas del resultado final obtenido. ¿Alcanza parte de nuestro planteamiento inicial? ¿Puede servirnos como punto de mejora ante la revisión del resultado final? Intentemos buscar lo positivo, aun cuando el resultado no es el esperado. 

Frustración. Una mochila llena de piedras.

Los resultados no esperados conllevan actitudes negativas hacia el pensamiento inicial. Tenemos que tener en cuenta que las ideas funcionan como motores, que son capaces de mover una maquinaria y corregir sus movimientos a los largo del recorrido. 

Las actitudes negativas en este faceta, como en el resto de las que aparecen en nuestra vida, suponen un peso del que pensamos que no podemos liberarnos. Somos incapaces de ver como a veces una mochila llena de piedras nos fortalece la espalda y da vigor a nuestras las piernas. 

Durante los meses de investigación en la búsqueda de una vacuna para la Covid 19, escuchaba a los cíentíficos hablar sobre las pruebas de laboratorio y los ensayos clínicos. No hay vacuna, ni búsqueda de medicamento en la Historia de la Humanidad, que no haya recorrido cientos de caminos erróneos como pasos previos. Lo que ahora podemos ver, es que todos esos caminos no terminaban en el vacío de un acantilado, sino que no llegaban al resultado final de manera directa, pero sí indirecta. Cada error era una puerta que se cerraba, hasta que al final el camino quedaba acotado hacia la solución final. No se puede calentar una casa con todas las ventanas abiertas. Hay que invertir tiempo en cerrarlas, para que la temperatura vaya subiendo hasta lograr que el hogar sea confortable. 


Las expectativas generan objetivos e impulsan iniciativas. Las frustraciones no son el final de las expectativas. Tan sólo indican que se está más cerca, porque ya sabemos que uno de los caminos elegidos no es el correcto. 

No dejemos que desaparezca el impulso de la ilusión inicial, recarguemos las baterías con cada frustración, porque al final todo será mucho más luminoso. 

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